compages semantica. [FREQ 1467indicia 92/d.c.m.]
[HYPER auis HYP →accipitera, →aquilaa, →bubo, →noctua, uultur]
[HYPER aquilaa HYP →haliaeetos, harpe, →melanaeetos, →ossifragus, →percnopterus, pygargus, →uultur]
[HYPER accipitera HYP aegithus, →aesalon, astur, →buteo1, →cuculus, →cybindis, →tinnunculus]
[HYPER bubo SIM aegocephalus]
[HYPER noctua SIM cauannus, cicuma, glauca, nycticorax, ulula]
¶ Rapaces aues Romanorum mentem causis uariis alliciebant; at illi genera earum omnia minime discriminauerunt, immo nomina oblimabantur eo, quod synonyma ab aliis linguis accepta fuerunt, uidelicet Gallica Etrusca Graeca, item idem auium genus per uitae aetates uarie nominatum. Formae aspectusque ut descriptae fuerunt cum biologica praesentium temporum scientia minime congruunt.
Auium rapacium genus nemo umquam descripsit, immo nocturnarum rapacium genus sine teste constat; uinculum tamen inter eas intellegere auctores uidentur; qui ne quidem uultures sub hoc numero posuerunt, immo ab eis oripelargum uel pernocterum aquilis coniunxerunt. Etiam coculum, auem auibus rapacibus alienam, eis coniunxerunt, quippe cum quoquo modo rapax uideatur.
Haec ad naturalem uitam formamque attinebant. At hae aues, ut dictum est, Romanorum mentes allexerunt, idque dupliciter; primo de nocturnis auibus, quae mala portendere uisae sunt, qualia ab inferis monitiones et dira, quippe cum earum figuras stantes immotas, magnis oculis mirisque plumis aspicerent, immo querulas uoces animos maerore afficientes audirent; commercium his auibus hominibusque intererat, nam in proximo habitabant, praesertim nocturnis et diem fugientibus. Secundo, rapaces aues diurnae, acres fortesque, numina repraesentabant, imprimis aquila Ioui uictricibusque legionibus coniuncta; etiam uisu odoratu, uolatu ui multum ualebant, item auguria portendebant, quae diurnae fausta, quae nocturnae funesta; sed magnis spatiis inter eas hominesque interiacentibus male cognitae a Romanis fuerunt, immo fabulae commentaque facile inuenta sunt quae ad mythologicas res et ad earum uitam attinebant.
Quantum momentum Romanis hae aues praeter alias habuissent per indicia scriptis reperta clarescit; aues in repertorio ab André-Ois inuento ad 315 accedunt, quarum 46 rapaces fuere; a quo Romani de auium generibus, praesertim rapacibus, modeste consulti fuisse uidentur; haec 46 auium nomina totidem aues minime describunt, duplicationibus similitudinibusque exsistentibus, quare rapaces aues nominatae desciptaeque perpaucae fuerunt.
Hae aues ad utilia nullo modo pertinebant nisi quod praesagae essent, inde magicae esse et ad mortuos pertinere uiderentur, item ad magicam medicinam et superstitiones; et apud Iudaeos immunda et nefanda animalia, minime uescenda, comprehendebantur.
Et consideratio et differentiarum similitudinumque descriptio ab obseruationis instrumentorum penuria perarduae erant, etiam ab alienatione qua Romani earum genera obierunt; Plinius Maior solus fuit qui dispositionem quandam, et eam ualde turbatam lacunosamque, excogitauerit uel simulasset, cum Historiam Animalium ab Aristotele inuentam male transcriberet mira et rara praesertim colligens.
Itaque hae aues ad rapaces aues, alites augurales et immunda Iudaeis animalia pertinent.
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Las aves rapaces resultaron sumamente atractivas para los romanos por varios motivos. Pero ellos no distinguieron entre todas sus especies o tipos, e incluso sus nombres se enredan por la inclusión en las fuentes de sinónimos procedentes de otras lenguas como el galo, el etrusco o el griego, o incluso por los varios nombres dados al mismo ave según sus distintas edades. Por otro lado, las distinciones morfológicas y por tanto de clasificación taxonómica entre ellas a veces no coinciden con las de la moderna biología.
Resulta relevante que nunca especificaron el género auis rapax y por tanto nunca distinguieron dentro de él las rapaces nocturnas. Sin embargo, de los usos se desprende que había un sentido de unidad entre ellas. Parece que tampoco identificaron como pertenecientes a esta misma clase de animales las distintas especies de buitres, y consideraron como esta especie solo la que se refería al buitre negro (Aegypius monachus), en tanto el buitre leonado (Gyps fuluus) era visto más relacionado con las águilas. Por fin, se incorpora al grupo de las rapaces el cuco o cuclillo, que nada tiene que ver con él, aunque quizás el carácter en cierto modo depredador social de este pájaro pudo inducir a establecer una conexión con aquellas.
Esto en cuanto a la descripción biológica. Pero las rapaces, como se ha dicho, cautivaron la imaginación de los romanos, y ello en dos vertientes; una, respecto a las aves nocturnas, que fueron vistas como anunciadoras de males, advertencias de ultratumba y ominosos presagios, dominados por aquellas figuras estáticas, de grandes ojos y plumaje llamativo que con sus voces quejumbrosas ensombrecían los espíritus; en este aspecto hay que tener en cuenta la convivencia que existía entre ellas y los seres humanos, una presencia muy directa y muy marcada por el mundo nocturno, el subconsciente diario frente a las horas de luz. La otra vertiente en que las rapaces fueron importantes para el romano corresponde a las rapaces diurnas, agresivas y valientes, representantes de los poderes divinos, encabezados estos por la identificación del águila con Júpiter y con las victoriosas legiones; aves con grandes capacidades visuales, olfativas, de vuelo y de fuerza; potentes también en lo que a augurios se refiere, buenos los de las aves diurnas y negativos los de las nocturnas. Sin embargo, el desconocimiento provocado por la distancia que media entre ellas y los seres humanos propició el nacimiento de leyendas e invenciones, tanto en el terreno de la mitología como de su etología.
La importancia que para los romanos tuvieron estas aves respecto a otras queda de manifiesto si comparamos sus apariciones textuales. En el repertorio de André-Ois consta un total de 315 entradas correspondientes a aves, de ellas 46 correspondientes a rapaces; de estos datos se desprende que los romanos distinguían bastante poco las especies y tipos de aves, y en concreto las rapaces; teniendo en cuenta que, de los 46 nombres (no 46 aves) de aves rapaces encontradas, muchas corresponden a dobletes y similaridades, el número real de aves de este tipo que fueron mencionadas o descritas es realmente bajo.
Las aves rapaces no entraban de ninguna manera en el ámbito utilitario salvo por un motivo: sus virtudes adivinatorias, predictivas o augurales y, por tanto, las relacionadas con la magia, el mundo de los muertos y con un tipo de medicina basado en la magia simpática y la superstición; y fueron ampliamente señaladas en el imaginario bíblico como tabúes, como animales cuya carne no era apta para ser comida.
Por otro lado, las posibilidades de examen y determinación de diferencias y similitudes entre diversas especies estaban muy constreñidas por la inexistencia de aparatos de observación y también por el aparente desinterés con que los romanos afrontaron su clasificación; de hecho, solo Plinio el Viejo ofrece una relación, nada ordenada además, de estas aves, basándose fundamentalmente en la Historia Animalium de Aristóteles, con mucha confusión y muchas lagunas, y centrando su estudio en las particularidades más curiosas de su etología.
De ahí el hecho de que estas aves, en la malla lexicosemántica, establezcan relaciones de hiponimia respecto a tres hiperónimos: auis rapax, ales auguralis, immundum Iudaeis animal.